Julio Poo San Román
[ Profesor y periodista | Comillas, 1924 – Santander, 2019 ]

La infancia de Julio estuvo ligada a la villa de los arzobispos. En el antiguo seminario construido en 1881, con el patronazgo de Antonio López del Piélago y López de la Madrid (1817-1883), I marqués de Comillas, el niño Poo obtuvo sus primeros conocimientos y recibió una formación religiosa que le acompañó durante toda su vida. En esa época también se inició en la música, ya que, dotado de una voz asombrosa, fue solista del coro del seminario durante muchos años. Posteriormente, avanzada la edad adulta, regresó sobre sus pasos y formó parte del Coro de la Catedral de Santander. Aunque se tituló como profesor mercantil, orientó su vida profesional hacia el periodismo, su verdadera vocación, que ejerció primero en el diario Alerta hasta que Manuel González Hoyos le fichó como redactor de El Diario Montañés, medio en el que desarrolló toda su carrera, aunque colaboró también en otras revistas y periódicos regionales y nacionales.

En 1977, con la llegada de la democracia, se hizo cargo del semanario La Ilustración de Castro, una publicación centenaria que comenzó su andadura en 1898 y echó el cierre en 2008. En este semanario literario, de intereses locales y de noticias de Castro Urdiales, llegaron a publicar poetas con reconocimiento regional, como Luis de Ocharán y Jesús Cancio, y ocasionalmente otros más notables, como Gerardo Diego o Manuel Arce. Con Julio Poo San Román empezó a tomar otro aire y entidad; fue creciendo en número de páginas y en densidad conceptual. Desde el principio de esta renovada etapa contó con la colaboración poética de González Hoyos.

En 1982, Poo San Román se hizo cargo de la dirección del semanario regional Dobra, una publicación de intereses generales, políticos y literarios. Además, colaboró con la revista El Santo, de los Padres Capuchinos, y tuvo su propio periódico, Sotileza, del que era propietario y director.

Ganador en tres concursos literarios regionales, fue autor de libros histórico-turísticos sobre Comillas y Laredo. Son también recordadas sus crónicas sobre las supuestas apariciones marianas en San Sebastián de Garabandal en los inicios de la década de 1960, así como las referidas al hundimiento del petrolero “Bonifaz”, una tragedia ocurrida en 1964 en las costas de La Coruña, en la que fallecieron 25 tripulantes, 16 de ellos cántabros. Su amor por Cantabria le llevó también a publicar una serie de reportajes sobre las casonas y los palacios de la región, desde los valles de Cayón y Villacarriedo hasta Trasmiera, Ruesga, Soba o Liébana.

Vinculado a la sociedad santanderina, fue miembro de la junta directiva del Ateneo de Santander. En 1974 le fue concedida la Medalla de Plata al Mérito Sindical.