Miguel Ángel Saiz Antomil
[ Médico e investigador | Pinar del Río (Cuba), 1899 – Santander, 1976 ]

Fue Miguel Ángel un hombre consagrado fundamentalmente al estudio. Nacido en la isla de Cuba, se consideró siempre un nativo de Veguilla de Soba y un enamorado entusiasta de ese maravilloso valle, al que dedicó todos sus esfuerzos investigadores. En agradecimiento, fue nombrado Hijo Adoptivo de la comarca.

Desde que comenzó sus estudios de medicina en la Facultad de Madrid sus inclinaciones innatas le hicieron tener una visión polifacética de las materias del conocimiento. Los momentos que le dejaban en libertad los estudios de la Facultad los dedicaba a la búsqueda de obras referentes a psicología, folklore, historia, etnología, etc. Era conocido en Madrid por todos los libreros de viejo de San Bernardo y Claudio Moyano, donde tenía verdaderos amigos. En esta tarea asidua de visita y consulta en los puestos de libros frecuentemente se tropezaba con otras personalidades con los mismos gustos y aficiones, como Ramón y Cajal, Pío Baroja o Marañón.

Una vez que Miguel Ángel terminó sus estudios se estableció definitivamente en Santander, viviendo en compañía de sus padres y hermana. Abierta su consulta profesional, se dedicó a ella con todo cariño, pero sin abandonar por ello su inclinación principal: el cultivo de las diversas disciplinas científicas que se relacionaban con la etnología y la psiquiatría. En Madrid había asistido a las clases de Sánchez Banús, y las lecciones que allí recibió le sirvieron para estudiar casos de estados sugestivos o delirantes, en los que los individuos adquirían la convicción de que eran realidad sus visiones fantásticas.

Las ansias de aumentar más sus conocimientos en aquellas materias que formaban parte de sus aficiones eran la causa de la búsqueda incesante de bibliografía, lo que explica el hecho de que Saiz Antomil llegara a poseer una de las mejores bibliotecas científicas de la provincia, con un total de libros que se aproximaba a los ocho mil volúmenes. La curiosidad científica que sentía hacia todos los campos, desde la filosofía hasta la medicina, forjó su personalidad y método de trabajo. Fue uno de los más asiduos alumnos de las clases de don Santiago Ramón y Cajal. Los trabajos sobre histología del sabio profesor le producían una verdadera emoción científica.

Sus obras más importantes son Leyendas del Valle de Soba (1951), Las tres piedras preciosas (1965) e Ideas para un ensayo sobre la psicología del hombre primitivo (1971). También colaboró con varios artículos en las revistas Altamira del CEM y en La Montaña de La Habana.