Vicente de Pereda y Revilla
[ Abogado e historiador | Santander, 1881 – Madrid, 1950 ]

Hijo del famoso novelista José María de Pereda. De marcado carácter pesimista, escribió su propia autobiografía en 50 años (1942). Tuvo siete hermanos, de los que solo cuatro alcanzaron la edad adulta, aunque él fue el único que siguió los pasos de su padre. Estudió el bachillerato en Santander y Derecho en el Colegio de los Jesuitas de Deusto y en la Universidad de Salamanca, donde fue compañero de Ortega y Gasset y tuvo por profesor a Felipe Clemente de Diego.

En 1906 contrajo matrimonio con Joaquina Torres Quevedo, hija del ingeniero e inventor, también cántabro, Leonardo Torres Quevedo, con la que tuvo nueve hijos. Dio conferencias en el Ateneo de Santander y en los años veinte se vuelca en el campo como promotor social en la Federación Montañesa Católico Agraria.

Políticamente, de joven fue partidario de Canalejas, militando después en las filas del maurismo. Inició su actividad literaria y su labor fue muy amplia y variada, tocando los géneros de la novela, teatro, ensayo y libros de viaje. Colaboró en Blanco y Negro y estrenó alguna comedia. Fue muy famosa su novela histórica sobre las Guerras cántabras titulada Cantabria (1923), un canto a la epopeya de los cántabros en su lucha contra Roma, una alabanza de la libertad. A partir de 1924 fija su residencia en Madrid, donde sus aficiones literarias le hicieron ser amigo de escritores que conoció en gran parte en las tertulias del Ateneo. Hombre de fina sensibilidad, inteligente y soñador, amante del arte y, a la vez, pesimista y tímido. Entre sus amistades destacó Benito Pérez Galdós, quien lo definió como un muchacho “muy inteligente y muy simpático” y, años más tarde, José del Río Sainz lo retrataba como “un joven culto, refinado, educado en la corte triunfal de su padre, habituado a los ambientes de los cenáculos y de las tertulias literarias de Madrid, que sintió la tentación de confinarse en la aldea”.

Se trasladó con su familia a Madrid y, a pesar de residir en la capital, constantemente regresaba a Cantabria donde pasaba sus descansos y acrecentó la publicación de novelas, ensayos y obras dramáticas, entre las que destacan Cenizas y leyendas (1920), novela en cinco jornadas, Cartas de un solariego (1926), Arco Iris (1928), Película (1928), Cotos forestales de previsión (1930), El arte, un compendio publicado en 1930, Las soberanas circunstancias, novela del mismo año, 1930, El anillo de Saturno, comedia en tres actos de 1931, Religión y política (1931), La vejez, antología comentada de 1932, Esqueletos de oro (1934) o Jesucristo (1939). Hemos de destacar aquí también Vicente Pereda y Revilla: selección y estudio que publicó José Montero en 1952. La Guerra Civil le marcó profundamente al perder en ella a uno de sus hijos, de nombre José María, como su padre, lo que provocó que abandonara toda actividad literaria.