Entrañable y solemne presentación de Don Quijote de La Mancha en Patsuezu, editado por nuestro “mecenas” Julián Fernández (Parte 02)

PRÓLOGO DE FRANCISCO GONZÁLEZ DE POSADA

Nuestro Socio de Honor y Estela de Oro de las Letras de Cantabria, que recibió el día de San Beato, 19 de febrero de 2025, ha escrito el prólogo para esta obra de El Quijote en Patsuezu. En la última parte de este prólogo se refiere a la vinculación de la comarca de Laviana con la Institución Libre de Enseñanza. Veamos:

Francisco González de Posada (imagen de archivo).

Ha llegado el momento del encuentro de los referentes anteriores en la Fundación Sierra-Pambley.

¿Por qué hemos hablado del Quijote, del patsuezu, de la Institución Libre de Enseñanza y de Augusto González de Linares? Cerremos en conjunción las ideas exhibidas en los parágrafos independientes tratados previamente.

En noviembre de 1885 viajaron a Villablino, pueblo de la comarca Laciana, en el norte de León lindante con Asturias, núcleo esencialmente ganadero, tres de las figuras más destacadas de la Institución Libre de Enseñanza: Francisco Giner de los Ríos (Ronda, Málaga 1839; Madrid, 1915), Gumersindo de Azcárate (León, 1840; Madrid, 1917) y Manuel Bartolomé Cossío (Haro, Logroño, 1857; Collado Mediano, Madrid, 1935), quienes con Francisco Fernández-Blanco de Sierra Pambley (Villablino, León, 1827; Madrid, 1915), que dispondría sus bienes para la creación de escuelas que facilitaran la superación del analfabetismo existente, establecieron las bases jurídicas y pedagógicas para el desarrollo educativo de la comarca.

En octubre del año 1886 se abría en Villablino, una primera escuela, la Escuela de Enseñanza Mercantil y Agrícola. El 21 de abril de 1887 Francisco Fernández-Blanco legaba sus bienes para la creación de escuelas. Se creó la Fundación Sierra Pambley con la disposición del nombramiento como Consejero para los aspectos jurídicos a Gumersindo de Azcárate. Fundador y consejero sellaban un compromiso y una amistad perennes. La fundación, entidad sin ánimo de lucro y de carácter benéfico-docente, orientaría sus acciones a la educación y a la cultura.

En el Patronoato de la Fundación se integrarían, como consultores pedagógicos y educativos, Manuel Bartolomé Cossío y Francisco Giner de los Ríos. Así, la Fundación Sierra-Pambley quedaba vinculada desde su origen a la Institución Libre de Enseñanza. Junto a Francisco Fernández-Blanco estarían el promotor y presidente de la Institución, Giner de los Ríos, y dos de los más relevantes miembros de ella, Azcárate y Cossío. La Fundación recibiría su aprobación administrativa, con el reconocimiento del Patronato, mediante Real Orden del Ministro de Fomento de 11 de enero de 1888.

Y fue creciendo el ámbito de actuación de la Fundación allende Villablino, con la creación de cuatro nuevas escuelas: una, en Hospital de Orbigo, para ampliación de la instrucción primaria y de agricultura; otra en León, como escuela industrial de obreros, con una sección de ampliación de instrucción primaria para niños; y otras dos escuelas de ampliación de instrucción primaria, respectivamente, en VIllameca (León) y Moreruela de Tabara (Zamora). Todos estos proyectos habían sido concebidos y organizados por la Institución.

Este proceso de creciente actividad y sobre todo de éxito social, la renovación de la comarca, de la educación primaria de tantos niños y profesional de jóvenes, se pone de manifiesto administrativamente a la luz de la escritura pública otorgada ante notario de Madrid, el 11 de mayo de 1907, por la que la Fundación Sierra-Pambley completaba el Patronato con dos nuevos miembros: Germán Flórez, leonés, profesor de la Institución Libre de Enseñanza, y Juan Flórez Posada, también leonés, sobrino del Fundador y Director de la Escuela Central de Ingenieros Industriales de Madrid., que contribuirían eficazmente a la brillantez de la vida activa de la Fundación, siempre marcada por los criterios y objetivos de la Institución Libre de Enseñanza.

Un recuerdo especial se tiene en la comarca para Bartolomé Cossío que estuvo ligado durante unos 50 años a la Fundación, ocupando el cargo de presidente del Patronato a la muerte del Fundador en 1915 y desempeñando la presidencia de las Misiones Pedagógicas durante la República.

Luisa de la Vega y Wetter (1862-1944), conocida por Augusto González de Linares durante su estancia en París, donde se casaron, había colaborado con Augusto y aprendido dibujo científico y acuarela durante la estancia de ambos en Nápoles, según recuerda Madariaga, ayudando al marido en el dibujo de los animales marinos. El matrimonio tuvo tres hijos: María, Antonio y Jenara. Entre los profesores de Villablinopuede recordarse a Juan Alvarado Albo quien, según recuerdan los promotores de esta obra, se casó con la viuda de Augusto González de Linares. Su hija María, buena pintora como su madre, la recuerdan también como profesora en Villablino.

Fueron muchos los alumnos que triunfaron como comerciantes fuera de la comarca y, en concreto, en Madrid. Formación profesional. Extensión cultural, en León. Granja escuela en Monte San Isidro.

De la etapa de la II República y Guerra Civil el promotor de esta obra en patsuezu, Julián Fernández, nos ofrece recuerdos de José Vela Zanetti, que nacido en Milagros (Burgos) el 27 de mayo de 1913, vivó niñez y juventud en León, donde su progenitor, veterinario, director del matadero provincial de León, por su condición de republicano sería fusilado en los primeros días de la guerra civil. La familia vivió en León. José se alistaría en las milicias republicanas, abandonó España tras la caída de Barcelona y tras unos meses en Francia embarcó para la República Dominicana donde se asentó viviendo el exilio. Más tarde residiría en México donde entabló amistad con Augusto Pérez-Vitoria, catedrático de Química Inorgánica en la Universidad de Murcia, director de Centros de la Unesco en el exilio. El pintor regresaría a España en 1960, el catedrático en 1976. Lo conocimos y establecimos una profunda amistad, tras nuestros primeros encuentros en Santander y posteriormente en Madrid. ¡Cuántas obras de Vela Zanetti tenía en sus casas de Madrid y París!

El 28 de agosto de 1936, el gobernador civil de León, en nombre de las autoridades del bando nacional de la guerra civil, ordena la confiscación de todos los bienes de la Fundación y el nombramiento de un nuevo Patronato, que recae, provisionalmente, en la Comisión Gestora de la Diputación Provincial de León. En los primeros días del nuevo régimen es fusilado Nicóstrato Vela, padre de los Vela-Zanetti, director de la Granja-Escuela del Monte San Isidro, y Pío Álvarez, responsable de la Biblioteca de Azcárate. El resto del personal de la Fundación, incluido el personal docente, fue investigado y depurado.

La ‘Biblioteca Azcárate’, de don Gumersindo, se convirtió en una especie de reducto de libertad tras la guerra civil. En 1977, don Justino de Azcárate y Flórez (Madrid, 1903; Caracas, 1989), hijo de leoneses, recién llegado del exilio y senador por designación real, inició gestiones para la recuperación de la Fundación, lo que se consiguió en 1979 con un patronato institucionista por él presidido. Desde 1982 se recuperan las acciones.

En la actualidad la Sede de Villablino de la Fundación cuenta con una serie de edificios como «Las Escuelas», «La Casa Colonias-Guardería» y la ‘Casa materna del Fundador’, donde realizan las diferentes actividades culturales y educativas. Este local se usa también como guardería municipal y, a los efectos de este breve estudio, como albergue de verano para los alumnos del Colegio Estudio de Madrid que fue creado por la Institución Libre de Enseñanza.

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Pienso que faltan en lo escrito hasta ahora, en el entorno de Villablino, unas referencias a Ortega y a Menéndez Pidal por sus relaciones con León.

En torno a la Institución Libre de Enseñanza, por mediación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, pero siendo de generaciones más recientes que la de los fundadores, han ocupado lugares de honor en el marco de la cultura española dos excepcionales figuras: José Ortega y Gasset y Ramón Menéndez Pidal.

Una primera referencia a José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955), ya que eligió León para su representación en las Cortes en las elecciones constituyentes de la República celebradas el 28 de junio de 1931. La decisión de presentarse por León se debió al conocimiento vital por sus estancias en Coto Castilleja, a orillas del Cea, finca de los Varela y Ortega, foco de cultura. La Agrupación al Servicio de la República la habían formado José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. La Agrupación obtendría catorce diputados, tres de ellos por León: Ortega, Justino de Azcárate y Suárez Uriarte. Pérez de Ayala elegido por Oviedo y Marañón por Zamora. En el territorio que queda marcado por Villablino y el patsuezu, se presenta esta otra generación de intelectuales, no propiamente institucionistas, pero sí relativamente próximos.

Se recuerda el mitin central de Ortega del 19 de junio en la plaza de toros de León con la asistencia de unas seis mil personas. En su campaña defendió la unión de Castilla y León como región única sugiriendo que disfrutaran de Asamblea, sufragio universal y Gobierno propios, la única manera, según él, de resolver los problemas. Salió elegido.

Dos versiones de España, hoy de suma actualidad, se enfrentan: el supuesto ‘modelo leonés’ de defensa de la ‘unidad en la pluralidad’ frente a un modelo uniformizador, ‘modelo castellano’, con una visión más imperialista y, consecuentemente, militarista. En La rebelión de las masas escribe Ortega, con referencia a los orígenes “la nación es León, pero no Castilla” y más tarde “la nación es León y Castilla”. A esto puede añadirse la defensa por Ortega en su España invertebrada del ‘autonomismo regional’ frente al ‘separatismo nacionalista’, obra en la que Ortega entiende que la mejor defensa de España se hace desde el reconocimiento de su pluralidad. La consideración de España al modo supuesto de Castilla parece apropiada, según señala el hilo de la historia; la supuesta como de León no es tan clara por falta de realización histórica, si no propiamente negación, como se puso de manifiesto con la ruptura para el nacimiento de Portugal sin el menor viso de ‘unidad en la pluralidad’, aunque quizás sí, o ciertamente sí, respecto de Asturias, Galicia y León. En todo caso, parece que León se siente a gusto en esta visión, aunque sólo fuera por distinguirse de Castilla.

La Europa actual sí hay que hacerla desde la unidad en la pluralidad, no cabe la menor duda, basada en la racionalidad, en la historia y en la solidaridad.

Y otra segunda referencia se dirige a Ramón Menéndez Pidal (La Coruña, 1869; Madrid, 1968), que prestó una especial atención al ‘dialecto leonés’. Dejamos constancia de que se ha escrito mucho sobre el tema. Basta una fugaz mirada a Internet. Quizás lo más significativo sea la consideración de que “descubrió el llionés para la filología internacional. Recorrió los campos leoneses buscando palabras y destacando que en 1906 publicaba en la revista de Archivos, Bibliotecas y Museos el artículo “El dialecto leonés”, ofreciendo una visión completa y científica de un territorio lingüístico coincidente en parte con el Reino de León, lengua desde Asturias hasta Extremadura. Sabio gallego. Se le considera muy vinculado a León. A modo de anécdota, me es grato recordar una, ciertamente uno va para viejo, pero aún no ha escrito memorias, y en su quehacer juvenoso, ya que no juvenil, de vez en cuando brotan recuerdos convertidos en memorias, como ha venido ocurriendo en este trabajo. En reuniones con Federico Mayor Zaragoza, en la ocasión de 1982 de su visita a Santillana del Mar siendo Ministro para el homenaje a Julio Palacios, con presencia de Pedro Laín Entralgo y de José Luis López Aranguren, solicitamos, y así se hizo, que el ‘Premio nacional de humanidades’ llevara el nombre de don Ramón Menéndez Pidal, de modo que tras Cervantes irían Cajal (Investigación científica), Torres Quevedo (Ingeniería) y Menéndez Pidal (Humanidades).

En todo caso León, centrada en Villablino, sí supo integrar la pluralidad constitutiva asumida por la Institución Libre de Enseñanza.

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Alegría, gratitud y esperanza de que cunda el ejemplo y en y desde muchos lugares se ofrezcan acciones como la de Julián Fernández en relación con el Quijote, apertura al mundo, a la cultura, a lo universal. En resumen, gracias, muchas gracias, por invitarme a participar en este acontecimiento de una nueva edición del Quijote.

ARTÍCULO DE EDUARDO AGUIRRE EN EL DIARIO DE LEÓN

El articulista de El Diario de León, Eduardo Aguirre con el título Xigantes en Laciana, publicó este interesante artículo sobre la presentación de El Quijote en Patsuezu, que transcribimos por su interés:

Hace falta ser muy quijote para traducir a Cervantes al patsuezu, y además lograr que te lo editen a lo grande. El lacianés Manuel Gancedo ha conseguido ambas cosas, gracias a su valía y al mecenazgo —otro quijotismo— del también paisano nuestro Julián Fernández. Nos debían una presentación de su El inxeniousu fidalgu Don Quixote de La mancha (Amichi), pues fue publicado en 2023, y este sábado saldarán la deuda: será el día 28, en el Valle de Laciana, en Villablino, en la Fundación Sierra Pambley, a las 12 de la mañana. No podré acercarme, les mando mi aplauso.

Una edición preciosa, dedicada a Fernández-Blanco, quien en el siglo XIX ideó la más maravillosa quijotada de la pedagogía española. No conozco personalmente a don Manuel; sí a Julián Fernández, quien además de asumir todos los costes de la edición ha velado porque el proyecto mantenga la esencia institucionista, pues tiene mucho de homenaje a sus mayores. No siempre los sueños a priori imposibles terminan mal. Voy a un capítulo emblemático y leo: «Mire vuesa merced respondióu Sanchu— que aquetsus que vense atsá nun son xigantes, son moulinus de ventu». Qué bello queda. Quizá, aquellos manchegos no fuesen gigantes, los de aquí es ya otro cantar. Busco parlamentos preferidos y los hallo: «(….) desnudu nací, desnudu estoy, ni pierdu, ni ganu; quieru dicir, que sin blanca entrei neste gubiernu ya si etsa salgu, bien al revés del comu suelen salir los gobernadores d»outras ínsulas»No todos pueden decir lo mismo, querido Sancho.

Gancedo leerá en patsuezu un capítulo; con él estarán su prologuista, González de Posada; Saiz Fernández, de la Real Academia de la Historia; y Mercedes Fisteus, concejala del Ayuntamiento de Villablino. Y en algún lugar discreto de la sala, se sentará el generoso editor e impresor andante. Le diré, como ya hice cuando paseábamos por Santander: «Oye, Julián, perdona que insista… ¿tú no necesitarás un escuderín de a pie?».

Gran edición, por el formato de la misma pero aún más por el mucho amor y trabajo que lleva dentro tan bella quijotada. Y qué preciosa cubierta, en mágico amarillo. Ya ves, mi noble Sancho Panza… en esta tierra sí tenemos xigantes, pero son buenos. Al menos, los del Valle de Laciana.