“UN HOMBRE DIEZ”, SEGÚN DELIA LAGUILLO
Por su parte, Delia Laguillo, expresidenta y Socio de Honor, actual vicepresidenta de la junta directiva, intervino en el acto para señalar que “hablar y escribir de un compañero y, sobre todo, un amigo resulta a veces costoso porque no se quiere caer en el empalago”, añadiendo que si nos preguntamos quién es Víctor, la respuesta es la siguiente: “a lo largo del camino ha ido acumulando méritos y más méritos por las virtudes humanas que le distinguen que le han hecho merecedor de la concesión por unanimidad de la Asamblea General del título de Socio de Honor”. En palabras de Delia Laguillo, “un hombre diez”, en un acto de reconocimiento en el que estuvo rodeado de su familia, amigos del Centro Gallego y compañeros de la SCE.
No olvidó Delia su origen pasiego, Villacarriedo, y sus vivencias de niño y familiares en Torrelavega, donde acudió a su primera escuela, el Colegio Cervantes, acabando su sólida formación académica, en el Instituto Santa Clara y en la Escuela de Comercio donde realizó los estudios de Profesor Mercantil. Una biografía que definió así: “Un hombre sabio que camina de puntillas y que ha hecho de la sencillez un grado”. Delia también hizo mención a que ha sabido englobar cuerpo y mente en una conjunción perfecta ya que en el plano deportivo ostenta el título de Juez Nacional de Saltos de Esquí y el de Entrenador Nacional de Atletismo, siendo además autor del libro Guía Básica de Joggin.
Finalmente afirmó que siempre ha estado “inmerso en espacios sosegados que le han permitido iniciarse en otros estamentos con profusión creativa, haciendo de la poesía su compañera de vida pues posee una gran sensibilidad en sus trabajos narrativos y pictóricos”, recordando a su padre que aun careciendo del sentido de la vista, “le enseñó a vivir”.
También intervino Amado Zabala Santamaría, actual tesorero de la junta directiva, que gran amigo de Víctor Abascal alabó sus virtudes personales y su hombría de bien, como ha demostrado a lo largo de toda su trayectoria humana.

Delia Laguillo, vicepresidenta de la SCE.

Amado Zabala, tesorero de la SCE.
DISCURSO DE CHABELA GÓMEZ-BARREDA
También intervino en el acto la representante de la Alcaldesa de Santander, la concejal de Empleo, Emprendimiento y Desarrollo Empresarial, Chabela Gómez-Barreda. Este fue su discurso completo:

¡Muy buenas tardes! José Antonio, es un placer para mí volver a tu casa, al Centro Gallego, después de tantos años. Excuso la asistencia de la alcaldesa quien, pesarosa, os manda un fuerte y cariñoso abrazo a todos y en especial a Victor Abascal; si bien, me alegro sustituirla y se que volveré al Ayuntamiento con otro abrazo de vuestra parte y le transmitiré todo vuestro cariño. Permitidme arrancar este homenaje no con una reverencia formal, sino con un signo de admiración. Estamos aquí, reunidos por la palabra y la vida, para celebrar a una figura que es, en sí misma, un canto a la vitalidad y a la plenitud. Hoy, la Sociedad Cántabra de Escritores nombra como Socio de Honor número 13 a un hombre que ha sabido convertir el esfuerzo en arte: a nuestro Víctor Abascal, deportista, poeta y, sobre todo, una persona excepcional.
Víctor ha conjugado en su existencia dos mundos que la mirada superficial aísla pero que él ha demostrado que laten con el mismo impulso: el deporte y la poesía. • En la pista o en el campo, el deportista se exige, se disciplina, busca la superación del límite físico. • En la página en blanco, el poeta se exige, se disciplina, busca la superación del límite del lenguaje. ¿Acaso no es la misma voluntad? La voluntad de entender y de mejorar, de avanzar por el camino de la entrega total. El atleta nos enseña que el cuerpo es capaz de romper barreras; el poeta, que el alma puede nombrarlas y abrazarlas. Víctor Abascal es el hilo vivo que une al hombre de acción con el hombre de palabra, ha sabido conjugar en su vida dos mundos que, a simple vista, parecen distantes, pero que en realidad comparten un mismo principio: el del afán por superarse.
Querido Víctor, tu trayectoria no ha sido un camino recto y fácil, sino una aventura rica en búsquedas y vivencias. Perteneces hoy a esa estirpe de personas mayores que son “antorchas”, que no deslumbran con fuegos artificiales, sino que iluminan con la luz constante de la coherencia. Destacaste en el deporte por tu honestidad competitiva y destacaste en la poesía, por una mirada sincera, capaz de transformar la emoción más profunda en verso, con la claridad de quien ha aprendido a escuchar el silencio. Tu poesía, atravesada por nuestros paisaje y paisanaje cántabros, por la memoria que no se rinde, es una forma de entender la existencia donde el esfuerzo se convierte en belleza, y el silencio, en palabra esencial. En un mundo que corre y que a menudo se queda en la superficie, tu ejemplo nos recuerda que la verdadera creación requiere pausa, escucha y disciplina. Tu mayor lección es que la excelencia no es una meta, sino una forma de recorrer el camino. Víctor perteneces a esa estirpe de personas que, más allá de los resultados o los premios, dejan huella pues con su poesía no busca deslumbrar, sino acompañar; no pretende imponer, sino compartir.
Desde el Ayuntamiento de Santander, queremos reconocer no sólo al autor y al atleta, sino a la persona que ha hecho de su ejemplo un modo de enseñanza. Tu compromiso constante, tu cercanía con quienes empiezan a escribir, tu generosidad, nos hablan de una vida basada en la responsabilidad y la empatía. Este nombramiento es un acto de justicia cultural y, sobre todo, un abrazo de tu gente. Es el reconocimiento a un creador, a un deportista y a un ser humano que ha sabido conjugar la fuerza del cuerpo con la delicadeza del alma. Por eso, con cada reconocimiento como el que hoy se otorga a Víctor Abascal, las ciudades refuerzan el vínculo con sus ciudadanos y recuerda que las ciudades crecen a través de sus creadores.
Las ciudades necesitan deportistas que las representen en los estadios, científicos que las impulsen desde la investigación, empresarios que generen empleo y oportunidades, pero también necesitan poetas que les den voz, que nombren lo que no se ve y que mantengan viva la dimensión más humana de la convivencia. Victor, tú has sido esa voz. La cultura tiene esa capacidad de unir, de tender puentes entre mundos distintos. Hoy, este acto reúne a instituciones, a escritores, a artistas, a familiares y amigos, y demuestra que la palabra sigue siendo un espacio de encuentro. En actos como éste, la figura del homenajeado se convierte en reflejo de una sociedad que sabe agradecer. Reconocer la trayectoria de Víctor Abascal es reconocer el valor de la cultura, del esfuerzo y de la sensibilidad. Y hacerlo desde una institución como la Sociedad Cántabra de Escritores y desde un espacio como el Centro Gallego de Santander añade un significado especial, porque simboliza la unión de dos tradiciones de hospitalidad, de cultura compartida y de respeto a las raíces. La Sociedad Cántabra de Escritores ha demostrado, a lo largo de sus años de existencia, una capacidad constante para rescatar y dar visibilidad a la obra de autores de nuestra tierra, consolidando un espacio de encuentro en el que la creación literaria se nutre del diálogo, la memoria y la identidad compartida.
Santander es una ciudad que valora profundamente a quienes contribuyen a su vida cultural. Desde el Ayuntamiento mantenemos una colaboración constante con las asociaciones, fundaciones y colectivos que trabajan por difundir el arte y la literatura, porque entendemos que esa labor fortalece el tejido cívico y mejora la vida común. Cuando una ciudad cuida su cultura, se cuida a sí misma. Cuando reconoce a sus creadores, está construyendo su futuro sobre cimientos sólidos. Por eso, hoy, al felicitar a Víctor Abascal por este merecido nombramiento, quiero extender también mi agradecimiento a todos los que lo han hecho posible: a la Sociedad Cántabra de Escritores, por su iniciativa y su constancia; al Centro Gallego, por acoger este acto; y a las personas que han contribuido con palabras, música, -gracias Javier Canduela por tu guitarra-, y emoción para que esta ceremonia sea un homenaje lleno de afecto y autenticidad.
No quiero terminar, en primer lugar, sin decir que yo venía muy contenta pensando en la alegría que le iba a dar a Victor, carredano veloz, al final de mis palabras, (¡¡mi marido me expresó su admiración por Victor, es más, me pidió que le dijera “Victor, cuantas veces subiste al Faro sin desfallecer, compitiendo que no corriendo…para ganar a tus amigos!!), pero no fue así…. la sorpresa me la dio él a mi… cuando me reconoció. Y, en segundo lugar, sin decir que ha sido un privilegio para mí, formar parte de este acto tan emotivo, tan humano, tan especial, tan musical y tan vivo. Muchas gracias.
DISCURSO DE VÍCTOR ABASCAL
Recogemos también en su integridad el discurso de Víctor Abascal Acebo:

Ante todo, manifestar a la Junta Directiva de la SCE mi máximo agradecimiento por dispensarme este homenaje, que realmente me honra y me emociona. Gracias, José Ramón, por tus cariñosas palabras. Gracias, Dña. Isabel Gómez-Barreda, concejala de Empleo del Ayuntamiento, por haber tenido también la deferencia de acompañarme en esta tarde/noche tan especial para mí. Gracias, José Antonio, presidente del Centro Gallego, además de por tus palabras, por posibilitar el presente acto en este modélico lugar. Gracias, Eduardo, maestro de los pinceles, por el cuadro realizado. Gracias, Javier, por acompañar esta velada con el deleite de tu guitarra. Gracias, Marino, por el trabajo realizado para la programación de este evento, pero, sobre todo, por los elogios que me dedicas, demostrando que, además de amigo, conoces bastante bien mi trayectoria deportiva y poética. Gracias, Gilda, secretaria de la SCE, por esta sorpresa de última hora en la que me dedicas ese poema inspirado por la genialidad poética que te caracteriza. Y gracias, cómo no, a todos vosotros, entre los que se encuentran amigos deportistas o relacionados con el deporte, incluidos una buena parte de los maratonianos y acompañantes que formamos la expedición al icónico maratón de N.Y., allá por 1981. Gracias también a tantos amigos que también me acompañáis, a mi familia en pleno y a tantos compañeros de la SCE. Gracias, gracias a todos de todo corazón.
Pertenecer a la SCE me ha supuesto un aliciente muy gratificante, no solamente desde el punto de vista cultural, sino también por haber tenido la oportunidad de conocer a personas que, por su calidad humana, han cooperado a engrandecer mi grado de satisfacción general. Decía Gabriel García Márquez que “un verdadero amigo es quien te toma de la mano y te toca el corazón”. Pues bien, yo podría decir que la SCE me tomó, primero de la mano y luego, con el paso del tiempo, me ha ido tocando el corazón. En los más de dos lustros que llevo como asociado de esta prestigiosa Sociedad, he pertenecido a su Junta Directiva y ha sido, desde esa privilegiada posición, donde he podido comprobar el esfuerzo, pasión y voluntad que todos sus integrantes dedican en pro de engrandecer la cultura. Para ello se hacen publicaciones diversas, tanto desde la Sociedad, como también desde los propios socios; se organizan talleres infantiles, cursos de escritura, conferencias de temas muy variados, reconocimientos a socios o no socios por su trayectoria cultural, participación en ferias y eventos de distinta índole con stand propio de la Sociedad y, en general, múltiples actos y presencias en diferentes eventos.

Y me siento muy honrado por haberme sido confiada la, para mí difícil labor de dedicar un poema a cada uno de los personajes que, por su distinguida trayectoria, cada 19 de febrero, día de San Beato de Liébana, se les distingue con la concesión de la Estela de Oro de las Letras de Cantabria. Recuerdo que fue en 2017, con ocasión de otorgar al cineasta Mario Camus dicha distinción en Potes, mi primer poema dedicado. Desde entonces y hasta el último acto celebrado en Vega de Pas, donde se concedió dicho galardón al Ilsmo. Sr. D. Francisco González de Posada, he venido cooperando en este sentido, siempre que la Junta de la Sociedad me lo ha solicitado. Igualmente, cuando me ha sido requerido por dicha Junta Directiva, también he participado con la dedicación de un poema en otra clase de nombramientos como Socio de Honor, Escritor Vitalicio u otros de diferente índole. No obstante, pido disculpas a quienes no se hayan visto fielmente reflejados en el poema, generalmente un soneto, pero tengo que decir en mi defensa, que realmente no es fácil introducir en 14 versos la magistral e inmensa trayectoria de cada uno de ellos.
Y hoy quiero referirme, precisamente, a esa variedad apasionante y hermosa de la literatura, que es la poesía. Lo que significa para mí. Cuando por una imagen, o una pena, o una emoción, o una alegría, o un suceso, o una despedida, o un paisaje, o la nostalgia de un recuerdo, o simplemente la lluvia, se produce en el interior de ese lugar que llamamos alma, un suspiro de emoción, y es en ese instante cuando surge la inspiración que nos dicta las palabras para reflejar esa emoción. Ha nacido la poesía. Se podría afirmar que todos los seres humanos, al tener alma, sienten en alguna ocasión, por alguna de las causas aludidas, un estado de emoción y, por lo tanto, un suspiro de poesía. Ocurre que, cuando esas emociones viajan del interior al exterior por la senda de la inspiración del poeta, van dejando huellas de versos, hasta llegar a ese destino prodigioso que es el poema. Escuché en una ocasión decir a una querida compañera, Delia de los Ángeles, que “la poesía es una necesidad” y tiene razón: el poeta, cuando siente una emoción, tiene la “necesidad” de expresarla, es decir, de airearla al exterior, y es en ese momento, cuando surgen los versos que dictan la propia emoción. Si nos atenemos a lo que representa la poesía, para algunos de los poetas más importantes, me quedo con aquellas definiciones más claras y concisas: para Mario Benedetti, la poesía es “la verdadera alma del mundo”; José Luis Borges la definía como “la expresión de la belleza por medio de palabras artísticamente entretejidas”; Gerardo Diego opinaba que “la poesía puede ser bella, estar bien escrita, pero sin emoción, carece de vida”; Para José Hierro es “una forma de expresar la complejidad de la vida a través de la sencillez y la emoción”; y Becquer no dudó en responder a la pregunta de una bella mujer, con ojos de pupila azul: “…poesía eres tú”. La palabra “emoción”, pues, forma parte esencial de lo que representa la esencia de la poesía.

Desde mi punto de vista, la emoción está íntimamente ligada al grado de sensibilidad que se tiene ante el destino de una mirada o ante el sentimiento de un hecho, o lo que es lo mismo, cuando llega del exterior o cuando surge del interior. El poeta, el pintor, el escultor o el músico, han de poseer un grado importante de emoción y, por lo tanto, de sensibilidad, también. Estas dos cualidades conducen a la inspiración que posibilita la creación de la obra. En este sentido podría decirse que el arte, en sus diferentes variedades, tiene un alto componente de poesía: La pintura es poesía de los colores, la escultura es poesía de la forma o la música es poesía del sonido. En consecuencia, podríamos afirmar que la poesía tiene los bellos ingredientes del color, de la forma y del sonido. Es por eso, que todos los artistas necesitan poseer esos ingredientes esenciales que requiere la poesía para llegar a la culminación de la obra. Son realmente poetas de cada una de las artes. Es importante decir que cada poeta tiene su peculiar forma de expresar sus sentimientos, lo que conlleva al estilo de su poesía, como ocurre en el resto de las artes. En mi caso, desde mi humilde opinión, interpreto la poesía como un relato con palabras que, al unirse, puedan expresar el sentir de una emoción con un tono de belleza, sin buscar caminos extremadamente escabrosos que dificulten en demasía la comprensión de los versos y, en consecuencia, el fondo del poema. Añadir que el relato poético, sea en prosa o en verso, aun cuando tenga carácter de drama o de elegía, debe poseer la suficiente dosis de belleza que caracteriza a la poesía. Yo diría que belleza y poesía son sinónimos. Pero, a veces, los versos de un poema, pueden tener la fuerza desgarradora y estruendosa de una galerna o, por el contrario, la caricia de una mano suave y delicada; lo mismo que ocurre con un cuadro de pintura que expresa una tragedia o, con otro, que representa la calma y la belleza de un paisaje; o como ocurre con el dramatismo de una talla o la ternura de otra; o con la música, una obra intensa e impetuosa Wagneriana o con la más romántica de Chopin. El mundo de la inspiración, pues, puede tener tonos de carácter muy diferente, pero en todo caso, con una dosis importante del concepto de belleza.
Me gustaría terminar con los últimos versos de un poema que me dedicó mi padre en la infancia de mi vida:
…juega, juega y sé feliz,
Que eso no tiene importancia;
Siga adornando tu infancia
Su propio y bello cariz;
Mas cuando al fin la abandones
Por imperio de la vida,
Tu sociedad preferida
Sean los buenos corazones.
Y estudia con ansiedad;
Que siempre el estudio atento,
Nos lleva al conocimiento
De Dios y de la verdad.
Aleja de ti el error
Y está en paz con tu conciencia;
Ama el Arte, ama la Ciencia,
Y ten por norma “El Amor”.